Esto, lógicamente es pura apariencia, porque la realidad se encuentra en un primer plano de dulzura hermosura e inocencia, contrastado fuértemente con un trasfondo mucho más siniestro y sucio. Estos tiempos escondían desagradables fumaderos de opio, calles infestadas de enfermedades y prostitutas, la esclavitud, el trabajo infantil y las duras vidas de los obreros explotados por las ansias burguesas de triunfo económico. Como consecuencia de todo esto aparecieron también en las calles asesinos que llegaron a ser conocidos como es el caso de Jack el destripador.
Así pues tanto la época como la sociedad victorianas se caracterizan de una doble apariencia, y de una doble moral.
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